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El amor de una madre. ¿Qué significa ser madre en un México plagado de injusticias?

Actualizado: 9 may 2020

Isabel Miranda es una madre de familia que tuvo que luchar contra los secuestradores de su hijo y, muchas veces, con las autoridades encargadas de seguridad e impartición de justicia. Ella es el ejemplo de muchas madres que han sufrido por la violencia que ha azotado el país desde hace muchísimos años. Es la cara de todas aquellas madres anónimas que han buscado obtener justicia contra la marea de la opacidad, negligencia e incapacidad de autoridades. Que luchan contra los propios criminales protegidos por organizaciones defensoras de derechos humanos y por las mismas autoridades. Aquí un poco de la historia por la que ha pasado Isabel desde el día en que no vio más a su hijo.


La pesadilla de Isabel Miranda comenzó el 12 de julio de 2005, cuando su hijo, Hugo Alberto Wallace Miranda, de 35 años, no llegó a una cita familiar. Las llamadas al móvil no encontraban respuesta. Su casa estaba vacía y en orden. La noche anterior, Hugo le había dicho a una amiga que iba al cine con una "nueva novia". Allí acudieron a buscar pistas. El estacionamiento estaba vacío. Recorrieron infructuosamente hospitales y centros de emergencia. "Ahí ya me puse como loca", dice Isabel. Ciudad de México estaba a la cabeza de secuestros en el mundo y Hugo era un próspero empresario: la familia se temió lo peor.

Un primo de Hugo Alberto recordó que cerca del Parque Hundido habían recogido a una mujer con la que estaba saliendo Hugo, recordando lo que había dicho su amiga decidieron buscarla. Comenzaron en el restaurante Konditori, donde pensaban que trabajaba pero nadie del personal que ahí laboraba la conocía. Buscaron en los alrededores del lugar y unas cuadras adelante encontraron la camioneta de Hugo. "Un sobrino encontró el vehículo de Hugo en la colonia Insurgentes. Estaba mal estacionado. Al verlo, me solté a llorar".

Un vecino del lugar, al ver a la familia reunida alrededor de la camioneta y ver el estado en el que se encontraba Isabel, les comentó que la noche anterior el vehículo estaba estacionado en la calle de Perugino y que de él habían bajado a un muchacho. Preguntando descubrieron que la mujer con la que salía Hugo vivía enfrente, en la calle Perugino, 6, apartamento 4. A una cuadra de donde localizaron la camioneta, rápidamente se dirigieron para allá, tocaron el timbre cuando un niño salía del portal. "Ahorita no te van a querer abrir, porque hubo un problema, bajaron a un muchacho herido". Espantada, Isabel llamó a la policía.

En ese momento la vida de la pedagoga de 54 años, en aquel entonces, cambió. Puso una denuncia por secuestro, dejó su trabajo y se zambulló en la búsqueda de su hijo, con la ayuda de su familia. Durante dos semanas vigilaron la casa, en turnos de 12 horas. "No sabíamos a quién buscábamos. Solicité en vano una orden de registro”.

En ese tiempo hablaron con los vecinos, los recolectores de basura, la señora del puesto de quesadillas... Lograron saber que en ese lugar vivía una joven y su novio, un tipo mal encarado que alardeaba de su chapa de policía. Ella era bailarina del grupo Clímax, del Estado de Veracruz. Gracias a la ayuda de los vecinos y la casera de la mujer que había salido con Hugo lograron descubrir más datos. Su nombre era Juana Hilda González Lomelí, oriunda de Guadalajara, Jalisco, quien había abandonado su departamento desde el 12 de junio.

Isabel no quitó el dedo del renglón, siguió investigando a pesar de que la única pista que tenía en ese momento se había ido, al poco tiempo Isabel se entero de que la mujer que podía saber dónde estaba su hijo regresó poco después a la capital. Para entonces, la familia Wallace había recibido una foto de Hugo, tirado en el suelo y con los ojos vendados. Los secuestradores exigían 950.000 dólares.

Isabel decidió enviar fuera de México a su familia. No quizó más preocupaciones. A partir de Hilda, tira del hilo y va armando el rompecabezas. Disfrazada con pelucas y almohadillas. Haciendo seguimientos. Preguntando aquí y allá. "Aprendimos sobre la marcha, con creatividad", dice. Su hermano y un abogado amigo son sus escuderos. En las semanas siguientes identificaron al novio de Hilda: César Freyre Morales, policía ministerial del Estado de Morelos.

En noviembre se interrumpió el contacto con los secuestradores. El 10 de enero de 2006, después de algunos intentos fallidos, la policía federal detiene por fin a Hilda. Freyre cayó dos semanas después. La propia Isabel ayudó en su captura. "Mi hermano y yo nos apostamos cerca del restaurante de donde trabaja la amante de César. Una noche, al acabar la jornada, tomó un taxi. La seguimos hasta donde la esperaba Freyre". Al verse acorralado por una adre que preguntaba insistentemente donde estaba su hijo, Freyre sacó una pistola y encañonó a Isabel, pero su hermano se le tira encima y lo derriban. "Fue una inconsciencia. No nos mató porque Dios es grande".

Días después de la detención de César, Isabel y la familia se enteraron, por voz de Juana Hilda, lo que le habían hecho a su hijo. "Lo mataron en la misma noche del secuestro. Hilda confesó todo. Mi hijo se defendió y lo golpearon hasta matarlo". Lavaron el cuerpo y le hicieron fotos para pedir el rescate. Después lo cortaron con una sierra eléctrica y bajaron los pedazos en bolsas de basura.

Entonces sí, la policía registró el piso de la calle Perugino. En él encontraron la licencia de conducir de Hugo y manchas de sangre que resultó ser del joven. "¡Siete meses después del secuestro! ¡Nosotros habíamos dado con la casa al día siguiente!" suspira.

Con el hallazgo de las manchas de sangre de su hijo, el caso apenas comenzó para Isabel. Hilda dio los nombres de los cómplices: Jacobo Tagle. Brenda Quevedo. Los hermanos Alberto y Tony Castillo Cruz.


Todos fueron cayendo. Uno a uno. Meses después de las detenciones de César e Hilda y de la confesión de esta última cayeron los hermanos Tony y Alberto Castillo Cruz. A Brenda le siguió la pista hasta Estados Unidos. El FBI la detuvo en noviembre de 2007 en Kentucky. Al encontrar pruebas suficientes un juez resolvió extraditarla en 2009 a México. Jacobo Tagle fue detenido en Cuautitlán Izcalli en 2010 después de golpear a su esposa embarazada.

"Nosotros hicimos todo el trabajo. La policía no hizo nada", cuenta Isabel. Por el camino ha localizado a otras, por lo menos, 8 víctimas de esta organización criminal, varias de ellas tienen proceso abiertos en contra de estos personajes. Descubrió el cadáver de un compinche de la banda, asesinado por sus cómplices por el dinero de un rescate. Y ha destapado las conexiones del grupo con agentes policiales de Morelos y la capital.

Isabel sufrió varios atentados y ha recibido un sin número de amenazas a lo largo de estos 14 años, el peor de todos fue cuando unos hombres dispararon contra su vehículo, en el que viajaba con uno de sus nietos.

"No pararé hasta que se haga justicia". Ahora ayuda a otras personas y da conferencias, creó la organización Alto al Secuestro, la cual atiende a víctimas de este delito que son ignoradas o carecen de la asesoría correcta por parte de las autoridades. Sus propuestas fueron pieza clave en la creación de la Ley General para Prevenir y Sancionar los Delitos en Materia de Secuestro.

Isabel es la muestra clara del amor que una madre siente por su hijo, dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias con tal de obtener justicia, protectora con su familia y con la sociedad.



Maite Rico. (2008). Una madre contra seis asesinos. 08-05-2020, de El País Sitio web: https://elpais.com/diario/2008/08/31/internacional/1220133610_850215.html

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